歌詞
En un ranchito escondido entre pinos y el viento,
Las Cruces lleva por nombre, tierra firme y de cimiento,
allá en Cuquío, Jalisco, donde el alma es valiente,
nació una flor muy hermosa, de raíces bien presentes.
Hija de Genaro Ávila, hombre recio y de honor,
y de doña Jesús Gómez, puro amor y calor,
entre casas de adobe y ganado al amanecer,
creció fuerte como el campo que la vio florecer.
Vivía allá en lo alto de un cerrito querido,
rodeada de sus hermanos, de cariño bendecida,
cercas largas, cielo abierto, libertad pa’ respirar,
y el canto de los recuerdos que no dejan de sonar.
En la plaza hay un kiosko que sus historias guardó,
y en sus calles se respira lo que el tiempo no borró,
tierra santa de valientes, de mártires y oración,
de la guerra cristera que marcó el corazón.
Ay, Micaela, piel de luna clara y fiel,
ojos azules que el cielo quiso ver,
de ese rancho donde nacen mujeres de verdad,
donde la belleza no es lujo… es identidad.
Ay, Micaela, orgullo de aquel lugar,
donde el alma aprende a amar,
Las Cruces bendito suelo sin igual,
donde nacen mujeres… que no se vuelven a dar.
Allá en el cerro se miran tres cruces al sol,
como cuidando la historia, como dando bendición,
y en octubre el rancho vibra con fiesta y tradición,
los hijos ausentes vuelven llenos de emoción.
Montar a caballo al alba, recorrer el mismo andar,
donde el tiempo no se pierde, solo aprende a recordar,
y entre risas y canciones se levanta el corazón,
porque el rancho nunca olvida lo que es el verdadero amor.
Y aunque el tiempo siga andando, firme sigue su raíz,
porque hay mujeres que el cielo decide Bendecir,
y su historia sigue viva en cada amanecer,
porque Micaela es ejemplo… que no se va a perder.
Ay, Micaela, piel de luna clara y fiel,
ojos azules que el cielo quiso ver,
de ese rancho donde nacen mujeres de verdad,
donde la belleza no es lujo… es identidad.
Ay, Micaela, orgullo de aquel lugar,
donde el alma aprende a amar,
Las Cruces bendito suelo sin igual,
donde nacen mujeres… que no se vuelven a dar.
Y estas palabras nacen desde el alma y el amor,
de su nieto Aldo Montes que la lleva en el corazón,
porque abuela como ella no la vuelve a regalar Dios,
y mientras viva su historia… vivirá también mi amor
Las Cruces lleva por nombre, tierra firme y de cimiento,
allá en Cuquío, Jalisco, donde el alma es valiente,
nació una flor muy hermosa, de raíces bien presentes.
Hija de Genaro Ávila, hombre recio y de honor,
y de doña Jesús Gómez, puro amor y calor,
entre casas de adobe y ganado al amanecer,
creció fuerte como el campo que la vio florecer.
Vivía allá en lo alto de un cerrito querido,
rodeada de sus hermanos, de cariño bendecida,
cercas largas, cielo abierto, libertad pa’ respirar,
y el canto de los recuerdos que no dejan de sonar.
En la plaza hay un kiosko que sus historias guardó,
y en sus calles se respira lo que el tiempo no borró,
tierra santa de valientes, de mártires y oración,
de la guerra cristera que marcó el corazón.
Ay, Micaela, piel de luna clara y fiel,
ojos azules que el cielo quiso ver,
de ese rancho donde nacen mujeres de verdad,
donde la belleza no es lujo… es identidad.
Ay, Micaela, orgullo de aquel lugar,
donde el alma aprende a amar,
Las Cruces bendito suelo sin igual,
donde nacen mujeres… que no se vuelven a dar.
Allá en el cerro se miran tres cruces al sol,
como cuidando la historia, como dando bendición,
y en octubre el rancho vibra con fiesta y tradición,
los hijos ausentes vuelven llenos de emoción.
Montar a caballo al alba, recorrer el mismo andar,
donde el tiempo no se pierde, solo aprende a recordar,
y entre risas y canciones se levanta el corazón,
porque el rancho nunca olvida lo que es el verdadero amor.
Y aunque el tiempo siga andando, firme sigue su raíz,
porque hay mujeres que el cielo decide Bendecir,
y su historia sigue viva en cada amanecer,
porque Micaela es ejemplo… que no se va a perder.
Ay, Micaela, piel de luna clara y fiel,
ojos azules que el cielo quiso ver,
de ese rancho donde nacen mujeres de verdad,
donde la belleza no es lujo… es identidad.
Ay, Micaela, orgullo de aquel lugar,
donde el alma aprende a amar,
Las Cruces bendito suelo sin igual,
donde nacen mujeres… que no se vuelven a dar.
Y estas palabras nacen desde el alma y el amor,
de su nieto Aldo Montes que la lleva en el corazón,
porque abuela como ella no la vuelve a regalar Dios,
y mientras viva su historia… vivirá también mi amor